El Amante

Categoría: Tagu
Fecha: 18/10/2011 09:20:18
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Norberto era un hombre chato, gris, una de esas personas que nos pasan desapercibidas, que no cuentan. Era muy callado, inteligente, tenía un don para los negocios y un secreto. Sus padres habían muerto en un accidente cuando era muy pequeño, así que fue criado gélidamente por su único pariente, Pedro, su tío paterno. Era un hombre al que poco le interesaba Norberto, no así su fortuna y los negocios de su padre, los que pronto hizo propios.

Pedro era muy distante con su sobrino. Su principal interés, su familia, su religión y sus creencias eran los negocios. Comía, dormía, respiraba, y se levantaba cada mañana por y para ellos. Norberto era sólo el heredero de la fortuna de su hermano, no tenía ningún tiempo para dedicarle. Nunca le demostró cariño, ni siquiera simpatía.

Lo único que el niño recibía de él eran regalos, caros e importantes. Ese era todo su vínculo. Y así fue como creció pensando que esa era la única forma en la que se demostraba interés por otra persona, o amor, o afecto, o tan sólo cariño. Esos eran sus valores, así había sido educado. Al igual que su tío pensaba que el dinero lo era todo, era su Dios, su luz y su guía. El que abría puertas del cielo y de la tierra, con el que todo compraba: afectos, amigos, compañía y sobre todo amor. Sin dinero su mundo dejaba de girar, sin él mundo se esfumaba.

Norberto comenzó a trabajar con Pedro, pero un día le dijo que quería independizarse. Entonces Pedro le dio un consejo, con visos de recomendación que casi rayó en una orden. Fue la única vez que demostró algo que se asemejaba al cariño. Si querés independizarte y mantener una sólida posición, debes casarte con Iris.

Ella era una poco agraciada heredera con una inexistente cantidad de pretendientes. Por lo que su padre, sorprendido, accedió de muy buen grado a entregarle inmediatamente su mano y toda ella a Norberto. Finalmente después de varios años de noviazgo, los novios muy agradecidos el uno con el otro por sus recíprocas contribuciones, contrajeron enlace con gran pompa. Un año después nació su primer hijo.

El matrimonio fue invitado a casa de uno de los socios de su tío, el que hacía un baile para presentar a su hija en sociedad. Iris no pudo asistir por su reciente maternidad, pero sí Norberto. No fue de muy buen grado, pero no podía faltar, su tío se lo había pedido especialmente. Esos eran los eventos que congregaban a lo más granado de la sociedad, y por lo tanto, los lugares en los que se podían llegar a hacer grandes negocios, si se usaba la inteligencia, la rapidez, y la astucia.

Allí vió por primera vez a Rita, quien lo cautivó. Ella estaba con un vestido blanco, vaporoso, con un lazo rojo ciñendo su pequeña cintura. Era una visión, una belleza, un ser inalcanzable. Esa fue la segunda o tercera ocasión en su vida, en la que Norberto sintió algo por alguien, tal vez un sentimiento, tal vez amor. Pero ese amor era un amor imposible, que guardó por años en secreto. Y en ese lugar distante y recóndito, al que sólo el podía acceder, sólo a veces,

Durante años la miró y la admiró en silencio. Solo se conformó con venerarla y amarla en secreto. Disfrutando el saludo que ella le dirigía, esa palabra que cruzaban, esa mirada o esa sonrisa. Eran momentos que él atesoraba en su memoria y repasaba una y otra vez. Imaginando como sería su siguiente encuentro.

Pero lo que estaba a punto de pasar nunca lo imaginó, ni en sus más secretos ni descabellados pensamientos. Un día ella se presentó en su escritorio suplicando su ayuda. De todas las personas del mundo ella recurrió a él. El era su única esperanza, su tabla de salvación. Se sintió un caballero en su blanco corcel rescatando a la dama cautiva en la torre.

Aunque en realidad fue al revés, fue el quien término teniéndola como una cautiva, un rehén. Que se sentía sojuzgada y asfixiada con lo que el le daba, con lo que el creía que era amor. Norberto no sabia amar, nunca nadie lo había amado, solo había recibido lo que el dinero podía comprar, sólo eso. Pero Rita quería más, ella sí había sido amada y había amado, y lo que él le daba no le alcanzaba. Así que buscó y encontró lo que ella creía que era el amor.

Impulsada por el deseo de estar solo con su amado, Rita rompió con Norberto con un total desdén. Se mostró como nunca la había visto ni la había siquiera imaginado, despreciativa, cruel, despiadada. Esto lo desesperó, no toleraba la idea de vivir sin ella, era el amor de su vida, su único amor.

Como un ahogado que da su último manotazo, quiso reconquistarla. Le mandó miles de jazmines, la flor que Rita adoraba, y un anillo. Estaba dispuesto a abandonarlo todo e irse con ella. Nada le importaba, ni sus negocios, ni su familia. Sólo le importaba su amada, la primera persona que no había podido conseguir con dinero.

Pero ese último acto desesperado no hizo más que aumentar la ira y el rechazo de Rita. Norberto decidió en ese drástico segundo, que si no era de él no sería de nadie, y así fue como fue a buscar su katana y sin pensarlo cortó su cabeza. Después cubrió su cuerpo con jazmines, como antes la cubría y protegía con amor.

Después del terrible suceso, la locura se apoderó de Norberto. Deambulaba por las calles buscando a su amada. Terminó sus días en un hospital psiquiátrico. El decía que no pasaba un día sin que ella fuera a verlo. Por las tardes Rita. como siempre vestida de rojo, iba a visitarlo, y le exigía que le consiguiera un cuerpo que poseer.







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