¿Ella o yo?

Categoría: Tagu
Fecha: 17/01/2012 10:43:10
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Se sentía agobiado, acorralado. No tenía idea de como salir de ese atolladero, tenia que tomar una decisión. Pero, ¿cuál sería? Ella lo presionaba de una manera impiadosa, lo perseguía, lo controlaba. Todo comenzó en el momento en que ella enunció esa maldita frase, que más que una frase en si misma encerraba una pregunta.

"Pensalo muy bien y después me contestás", le dijo ella, "¿Ella o yo? .

En realidad, esa era "la pregunta". Esa que lo cambia todo. Esa que da visos de seriedad, de compromiso. de todo y de nada a la vez. La misma que pone un hasta aquí, que obliga a elegir, a tomar posiciones a hacerse cargo, a determinar de que lado se está y con quien. Esa pregunta tan remanida, tan usada, tan dicha por todos. Y tan original al mismo tiempo.

Porque para que sea creíble, solo puede usarse una sola y única vez. Porque es determinante, y no tiene vuelta atrás. No es algo que deba usarse livianamente, es algo que debe pensarse para hacerse y mucho más para dar una respuesta. La idea de tener una amante en un principio le atrajo, luego lo sedujo y posteriormente lo obsesionó. Se le hizo carne, fue su norte y su meta.

Debía conseguirla, hacer realidad sus sueños, sus fantasías. Había escuchado historias, por supuesto todas geniales, que describían las bondades del amantazgo, Era un estado ideal, todo era a pedir de boca. Una amante le daría todo lo que él necesitaba, satisfaría sus instintos polígamos. Rompería la rutina, cumpliría el sueño de la geisha propia. Al fin él iba a ser el centro del universo, eso era lo único que importaba.

El era un hombre importante, y un hombre de su posición podía darse ciertos lujos, tener ciertas excentricidades. Todos en su circulo lo hacían Él. al igual que los demás, necesitaba un cable a tierra. Entonces ¿por qué no iba a poder hacerlo? Se dió permiso, se felicitó por la decisión y comenzó la búsqueda. Después de unas semanas encontró lo que buscaba. Una chica mona, joven, que cumplía con todos sus requisitos. Pilar había venido del interior hacía poco tiempo. Lo primero que hizo al llegar a la gran ciudad fue recrear, prolijar, hermosear un poco su "biografía". Modificó todo cuanto se le ocurrió y pudo de manera que todo cerrara para lograr su objetivo.

Otras de las modificaciones que transformaron su existencia, y la hicieron mutar de patito feo a cisne, consistieron en cambiar su color de pelo, su nombre, y alguna que otra cosita. Ella era muy ambiciosa, quería subir en la escala. Menos trabajar iba a hacer lo que fuera para conseguirlo.

Cuando estuvo convenientemente mutada, se hizo asidua concurrente a lugares donde asistían señores con buen pasar, y tenían avidez por conocer bellas mujeres. Así es como conoce a Pedro. Desde el primer momento todo quedo perfectamente claro, el delimitó cual era el rol de cada uno. Y lo que ella recibiría a cambio.

Ella estuvo de acuerdo con el rol que le había tocado y lo que conseguiría desempeñándolo. Pedro compró dos teléfonos móviles de distintas empresas, sólo se comunicaban a través de ellos. Si uno de los teléfonos estaba apagado, el otro estaba fuera de su mundo. No había preguntas, ni falsas respuestas, ni reclamos.

El nunca habló con nadie de Pilar, ni con sus amigos, ni con su analista. Ella tampoco habló con nadie de Pedro, no tenia amistades, y su familia había quedado olvidada en un pueblito del que ella ni siquiera recordaba el nombre. Ella estuvo de acuerdo, al menos en principio, con el acuerdo al que habían arribado, pero la ambición comenzó a acicatearla, a cuestionarla, a hacerla sentir insatisfecha, insignificante.

Los años pasaban, y ella seguía estancada en su rol de amante no muy amada. Comenzó a desesperarse, a buscar otras vías, otros medios que le permitieran lograr ese ascenso. No podía ser su amante eterna, debía ser algo más. Su esposa, por ejemplo. Había fijado su meta, ahora debía llegar a ella como lo hacía siempre, a través de un atajo. Ese atajo fue dando un primer paso, un paso firme y seguro.

Hizo investigar a Pedro, quiso saber todo sobre él, era la única manera de lograr lo que quería. Supo después de varios años como estaba compuesta su familia, donde vivían, el nombre de su esposa, cuales eran sus actividades, etc. No dejó nada librado al azar, no podía dejar nada librado al azar.

Un día Pilar llamó a Pedro a su trabajo, el quedó atónito. "Necesito verte", le dijo. "¿Cómo conseguiste este número?", le pregunto Pedro. "Eso no importa", le dijo ella. "¿Dónde nos vemos?" Pedro estaba asustado, presintió, y no se equivocó en eso, que ella era capaz de cualquier cosa. "Paso por tu casa en media hora, ¿te parece?" "Perfecto", le dijo Pilar.

Cuando llegó a su casa, ella hizo ciertos comentarios que ponían de manifiesto que Pilar manejaba información. Pero él no le dio mayor importancia. Ella le dijo que sin darse cuenta se había enamorado de él, que no podía vivir así, que necesitaba algo más. Que lo necesitaba. Fue en ese preciso momento que surgió:

"Elegí Pedro, ella o yo". "No me contestes ahora", le dijo, "Pensalo…"

"Está bien", le dijo él. "Te prometo que voy a pensarlo." Pedro salió de su casa reprochándose como se le había ocurrido en primer lugar tener una amante, y en segundo tener a una mujer como Pilar como amante. Ambas cosas eran una locura, un riesgo.

Ahora toda su vida estaba en juego, y él a punto de perderlo todo. ¿Qué haría? ¿Cómo iba a salir de esto? Pilar no se conformaría con un: "La elijo a ella". Ella tiene información, eso es seguro pensó. Me llamó a la empresa, podría llamar a mi mujer, a mis hijos. Pedro estaba desesperado, y la desesperación no trae buenas ideas ni hace tomar sabias decisiones.

Pedro lo pensó, lo meditó y finalmente vió la luz. La solución era simple. Casi más simple de lo que él creía. Así que llamó a Pilar y le dijo: "Tomé mi decisión. Este fin de semana nos vamos de viaje." Pilar estaba feliz, exultante, había logrado lo que quería, su meta estaba alli, casi podía sentir el brillo del triunfo en su rostro. Que bien se sentía, si pudieran verme ahora mis compañeras de colegio, la gente del pueblo, que envidia les daría, pensó.

El viernes por la tarde Pedro pasó a buscarla en su auto.

"¿Adónde vamos mi amor?", le dijo ella.

"Esa es tu sorpresa", le respondió él.

Pedro manejó hasta que oscureció, luego busco un hotelito modesto pero muy acogedor, donde pasaron la noche. Al otro día se levantaron muy temprano y prosiguieron el viaje. Hasta llegar a un lugar paradisíaco, apartado, maravilloso. Estaba rodeado de montañas, había un pequeño río. Que a fines del invierno se convertiría en un gran río alimentado por el agua del deshielo, vegetación y aire puro.

Casi era medio día, el sol estaba en su esplendor iluminando un cielo cerúleo salpicado por algunas nubecitas blancas. "Llegamos", le dijo Pedro. "¿Te gusta el lugar?"

"Me encanta", le contestó ella.

"Que bueno", le respondió él.

"Porque lo elegí especialmente para vos".

Tomó la cabeza de Pilar entre sus manos, la besó y con un hábil y seguro movimiento rompió su cuello. Cavó un pozo muy profundo. Pronto, cuando el río creciera, la naturaleza haría el resto






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