¿El hilo de la realidad?

Categoría: Tagu
Fecha: 12/01/2012 10:37:35
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La discusión fue subiendo de tono más y más. Estaba ofuscado, su adrenalina estaba a tope, igual que su presión arterial. Sentía la sangre fluir cada vez con más fuerza, con más violencia, su corazón estaba acelerado, casi no podía respirar.

Tenía que detenerse, estaba llegando a su límite, ese límite que no debe atravesarse, sencillamente por que no hay vuelta atrás. Fue en ese preciso y fatídico momento en el que su interlocutor le dijo algo que no debía decirle.

El escuchó lo que no querría haber escuchado nunca. Aún así lo escuchó. Eso desató sus demonios, la ira reprimida y contenida. La irracionalidad tomó su ser, se apoderó de el. Surgió ese animal primitivo e irrefrenable que no sabía, que no creía que tenía dentro.

Trató de luchar contra él, pero fué inútil. Ese ser desconocido e irracional que estaba oculto, y que se había convertido en él mismo, se apoderó totalmente de su persona. Abrió el cajón de su escritorio, sacó su arma, quitó el seguro y sin pensarlo tiró del gatillo.

Todo tomó un sólo segundo. En sólo un segundo la ira se había apoderado de él y lo había convertido en un ser irracional. En sólo un segundo pasó de ser un hombre de bien a ser un asesino. El límite había sido cruzado, ya no había vuelta atrás.

Al ver el cuerpo de ese hombre tendido en el piso tuvo una terrible sensación de irrealidad. La cabeza le estallaba, su cuerpo temblaba, le faltaba el aire, y por su frente corría un sudor metálico, frío, helado. Como si la muerte estuviera acariciando su frente.

Después devino la negación: "¡No pude haber sido yo el que tiró del gatillo!" La duda imposible: "Soy incapaz de hacer una cosa así", se decía. Los eternos e interminables cuestionamientos y velados reproches. "¿Por qué compré esa arma? Si no hubiera tenido esa arma en mi escritorio él estaría vivo. ¿Por qué no me detuve antes? ¿Por qué me expuse a ponerme en ese estado? ¿Cómo no me dí cuenta? ¿Cómo pude tirar del gatillo?"

Luego la culpa, la conmiseración, la piedad por él y por el otro. ¿Qué haría ahora? Llamaría a la policía, les contaría lo que pasó, se entregaría y afrontaría las consecuencias.

En un sólo segundo su vida estaba arruinada, había perdido todo lo que tanto esfuerzo le había costado conseguir. Todo cuanto tenía en el mundo se había ido para darle paso a la desventura, a la desgracia. Todo a causa de una mala decisión, de un acto irracional.

"No, no puedo arrastrar a mi familia conmigo. Tengo que solucionarlo de otra manera, como un hombre, con dignidad, con coraje". Así que tomó el arma, se la colocó en la boca y disparó.

Inmediatamente escuchó una voz que le era familiar. Era la voz de su mujer que le decía: "¿Estás bien? Te desperté por que tenías una pesadilla… Te movías, y gritabas".

El la miró desorientado, no entendía muy bien ¿Cómo?… "Fue un sueño", se dijo con alivio. "Mañana te cuento", le dijo. "Pero lo primero que voy a hacer es devolver esa bosta de arma que compré hoy".






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